Ocho pautas para no caer en la depresión si está desempleado

Ocho pautas para no caer en la depresión si está desempleado

Trae efectos emocionales como pérdida de confianza, depresión y deterioro de recursos psicosociales.

Desempleo

Estar sin trabajo puede afectar la estabilidad emocional.

Foto:

Istock

Por: Carlos F. Fernández y Ronny Suárez
17 de junio 2019 , 08:27 a. m.

Pocas palabras definen mejor el desempleo que la ansiedad, la angustia y una desesperanza que crece en la medida en que esta situación se prolonga en el tiempo. Y si se tiene en cuenta que una de cada 10 personas en edad productiva no tiene hoy trabajo en el país, no se trata de un asunto menor.

De acuerdo con la Asociación Colombiana de Psiquiatría (ACP), el desempleo conlleva efectos emocionales como la pérdida de confianza, la depresión y el deterioro de los recursos psicosociales. Incluso, algunos autores han puesto en evidencia la relación entre la falta de trabajo y un mayor riesgo de problemas mentales y físicos, especialmente en los más jóvenes.

El psiquiatra Rodrigo Córdoba dice que la relación entre el trabajo y el desempleo puede tener una doble vía: “Por un lado estar sin trabajo puede afectar la estabilidad emocional y, por el otro, se sabe que las personas con problemas mentales tienen mayor riesgo de estar desempleadas”.

Felipe Villegas, médico psiquiatra experto en salud del trabajo, explica que se ha comprobado que las personas en desempleo tienen mayor riesgo de padecer trastornos depresivos, ansiosos, consumir sustancias psicoactivas e incluso cometer intentos de suicidio.

Y, aunque las estadísticas no son tan concretas, algunos estudios predicen que el 22 por ciento de los desempleados se enfrentan a la pérdida de confianza personal y un 40 por ciento muestra alteraciones significativas en sus relaciones sociales.

Sin embargo, como suele pasar con los temas de enfermedades mentales, estos datos no alcanzan a dimensionar los problemas teniendo en cuenta la baja consulta.

En el caso colombiano, la ACP coincide con Villegas al referenciar que los síntomas de ansiedad y depresión son los que permanecen en la transición del empleo a la desocupación, tanto así que quienes se encuentran sin una ocupación productiva presentan un riesgo entre dos y siete veces mayor de padecer depresión clínica.

En el corto plazo, esta situación se manifiesta con una falta de control personal que afecta de manera directa la autoestima y que con el tiempo puede aumentar por la carencia de recursos materiales y vitales como la alimentación, la vivienda y la disminución dramática de actividades de ocio, y paradójicamente, de descanso, asegura Córdoba.

Si a lo interior se suma que con el tiempo, esta situación se puede agravar por la falta de oportunidades y de acceso a servicios oportunos de salud, está claro que se cierra un círculo psicológico y orgánico que se retroalimenta de manera grave, no solo en la persona sino en su entorno, agrega Córdoba.

Por otra parte, rasgos de la personalidad se modifican sustancialmente al enfrentarse al desempleo. “Con el tiempo se puede ser menos amable, menos productivo e, inclusive, más negado a enfrentar nuevas experiencias, lo que repercute negativamente en la posibilidad de volverse a emplear”, complementa Villegas.

Lo recomendable es conservar rutinas, evitar perder contacto con redes de apoyo, hacer ejercicio y, si se siente afectado, consultar para tratamiento

Un arma de doble filo

Juan Vicente Conde, expresidente de la Asociación Colombiana de Medicina del Trabajo, aterriza que cuando se pasa mucho tiempo sin empleo, surgen dos posibilidades: la persona opta por ocuparse en lugares de baja calidad y remuneración o se vuelve menos productivo, lo que afecta la estabilidad en futuras posiciones.

“Y así como ocurre con la enfermedad mental, la persona desempleada es víctima de la estigmatización que empieza desde la familia, lo que se convierte en un factor desalentador que aleja a las personas de su entorno normal y termina por incrementar la presión externa hasta crisis insoportables”, indica Córdoba.

Conde insiste en que el trabajo por sí solo ya es un factor de alteración emocional que al momento de una persona quedar sin trabajo se manifiesta en una sensibilidad mayor.

¿Qué hacer?

Parece un contrasentido, pero, según Conde, una persona acostumbrada a trabajar debe prepararse de manera integral para momentos de desempleo.

Villegas, por su parte, apunta: “Lo más importante es entender que el desempleo implica un mayor riesgo para la salud mental. Dicho esto, lo recomendable es tratar de conservar rutinas, evitar perder contacto con las redes de apoyo, hacer ejercicio, y si definitivamente se está sintiendo muy afectado, consultar para iniciar un tratamiento”.

Otras pautas específicas

Ocúpese: estar sin trabajo no significa estar inactivo. Mantenga la mente ocupada en actividades de valor, saque tiempo para leer, relacionarse con sus amigos de manera grata y poner en orden situaciones pendientes.

Rutinas: tenga presente, y fíjelo como un dogma, que esta situación es temporal. Dedique un tiempo prudente, por horario específico, a buscar empleo, definir estrategias a fin de que sea una tarea rentable, crear contactos y revisar amistades.

Orden: Procure tener siempre al día, y en orden, su documentación, una hoja de vida bien elaborada y actualizada; mantenga lubricadas las recomendaciones y las personas que lo pueden referenciar, además de procurar pensar positivo.

Trate de aprender algo: Nunca es tarde para aprender: un tutorial por internet, la cercanía con un vecino. Ponga en práctica las ideas que siempre quiso hacer, sáqueles jugo a sus habilidades. La necesidad es la base de la creatividad.

Relaciónese: No se aísle, pero tampoco abuse de las amistades. No se exceda en visitas o conversaciones, y en caso de solicitar ayuda hágalo sin victimizarse ni poner a la gente contra las cuerdas. Sea servicial y muéstrese dispuesto a colaborar.

Cuídese: No se abandone. Haga ejercicio de manera regular, procure alimentarse bien, acudiendo a nutrientes económicos, dado el caso. Esté alerta a síntomas y no deje avanzar molestias o dificultades.

Descanse: A pesar de estar desocupado, saque tiempo para que el descanso sea genuino y pueda hacer cosas que lo nutran desde el punto de vista emocional. Una buena charla, ir a un parque, contemplar la naturaleza también son válidos.

Consulte: No se ahogue. Si en algún momento experimenta que la situación se le sale de las manos, no duerme, no come, se aísla, busque ayuda.

CARLOS F. FERNÁNDEZ Y RONNY SUÁREZ
REDACCIÓN SALUD
En Twitter: @SaludET

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