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Madrid tiene su 'pequeña Colombia'

Es un edificio en el que todos son colombianos, menos el portero y la señora que hace la limpieza.

No tiene la tradición de 'la pequeña Italia' en Nueva York. Tampoco el tamaño de 'la pequeña Habana', en Miami. Pero el edificio de la Gran Vía 80, en el centro de Madrid, se podría llamar 'la pequeña Colombia' de España.

Desde la entrada se sabe que allí se respira otro aire, se siente otro sabor, se oye otro acento y otra música. Hay más de diez agencias de viajes especializadas en América Latina, centros de ayuda en gestión de papeles, cabinas telefónicas, salas de belleza, ropa traída de Colombia y comida con sabor paisa.

Entran y salen personas. Los dos ascensores siempre están llenos. Y casi todos hablan con acento colombiano. Todos, menos el portero y la señora de la limpieza, cuyas expresiones le recuerdan al visitante que está en España.

La historia comenzó hace casi una década, cuando el caucano Eduardo Ávila montó un negocio de comidas colombianas en un pequeño local de un edificio que había sido hotel. Poco después, la bogotana Felisa Restrepo abrió una oficina que hace trámites de papeles en Colombia y los hace llegar a España. Y los colombianos empezaron a alquilar locales que atraían más colombianos, hasta que el rumor se regó.

Siga, pues

"Tengo jeans levantacolas, bodies que rebajan barriga y fajas para caballeros", explica Janeth, con términos que los españoles no entenderían y con un acento de alguien que acaba de llegar del Eje Cafetero. Pero lleva 14 años en España. Desde los primeros días tuvo problemas en conseguir la ropa que le gustaba. Al principio les encargaba a las amigas que le trajeran ropa de Colombia. Hasta que un día se le ocurrió que ella la podía traer y venderla. Lleva cinco años y no se puede quejar.

La ropa se mezcla con despachos de abogados especialistas en cuestiones de inmigrantes, cuyos títulos de la Universidad Nacional cuelgan en las paredes. Conocen las angustias de colombianos que son contratados informalmente o que no tienen los papeles para vivir o trabajar aquí.

"No tenía los documentos legales cuando monté mi pequeño centro de estética", cuenta Pilar Cano, una bogotana que conoció la 'pequeña Colombia' cuando la contrató una compatriota para trabajar en servicios de belleza.

Con el tiempo, Pilar abrió su negocio que ofrece maquillaje permanente, limpiezas de piel, masajes y peluquería. Le ha ido bien y ya tiene papeles. "Creo que la clave está en que trato a las clientas como si estuviéramos en Colombia", dice. "Les pongo la novela en el televisor, les converso y les pido comida colombiana a domicilio", cuenta.

La señora del tinto

Es cierto que el edificio no es una obra ejemplar de mantenimiento arquitectónico. Tiene huecos en los techos y los cables se asoman. Pero tiene una señora de los tintos, que termina por darle una gracia al edificio que lo hace ver más bonito.

La figura de una persona que ofrezca café no existe en España. Por eso encontrarse a Noelia en este edifico situado al lado de una de las sedes de 'El Museo del jamón', uno de los restaurantes más típicos de España, es como una aparición. En grandes bolsas carga el termo, los pandebonos o los pandeyucas. Lleva nueve años en esto. Pasa una vez por la mañana y otra por la tarde. Y vive de eso. Su hija Claudia prepara la comida que vende, además de cualquier plato colombiano que le pidan.

Todas estas son arterias que salen de 'la pequeña Colombia' y que se mueven a ritmo de vallenato en la tierra del chotis.

 JUANITA SAMPER OSPINA
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
MADRID

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